Akbal Canek

Akbal Canek paladin de Xitlali, del plano de Xel'Huichtl

Description:

Pertenecía a una tribu de feroces guerreros, disciplinados en combate y sin miedo a morir en el campo
de batalla. Allí solo había una ley, la Ley del más fuerte. Nuestra pequeña comunidad no toleraba
a los débiles.

Vivía con mi madre Sicarú y mi peña hermana Quetzaly una familia pequeña.
Todo era paz y tanquilidad hasta el día en que tuve que hacer mi iniciación.

Verás, los varones a temprana edad somos despojados de nuestras familias y entrenados en las armas.
Los entrenamientos no era nada fácil, no todos lo soportaban, algunos morían otros renunciaban y pocos
se bañaban en la gloria y fortuna de convertirse en un hombre de armas.
Las personas que renunciaban a la iniciación se lanzaban por su propia voluntad del acantilado.
Sabían que son deshonra para su familia y la tribu, sabían que iban a ser una carga para ellos.
Pero había un precio para seguir viviendo en caso de renunciar a la iniciación y no aceptar su muerte.
Se coloca “la marca de la cobardía” en el rostro. Llevar esa marca significa debilidad, inservible y
destierro.

Para mi los entrenamientos eran simples juegos. Me descataba por ser el más fuerte y veloz entre toda
la tribu. De un solo golpe derrotaba a mi contrincante, no habia rival que me diera pelea.
Todos vieron el gran potencial que tengo y conocían de mis victorias en combate, dejaba a mis oponentes
incocientes en un sentellar.
Sabían que yo podía ser el nuevo líder de la tribu, pero no congeneaba con la idea de matar a alguien,
eso me repudiaba.

Tonatiuh, nuestro líder sentía celos de mi desempeño. Estaba furioso por lo fácil que se me hacían
los entrenamientos y porque todos en la tribu me mostraban su cariño.

Junto con otros 12 jovenes guerreros me convertí en hombre de arma. Pensaba en que no volvería a empuñar
un arma, que iluso era. Esa misma noche, nos enviaron a la guerra.
Solamente eramos 50 hombres para un ejercito de 200.

Cada enemigo al que me enfrentaba lo dejaba inconciente o lastimado de alguna extremidad para que no
siguiera en combate.
Nadie de nosotros padecio esa noche, algunos de mis compañeros tenían simples rasguños que despúes
presumirian en sus hogares.

Tonatiuh notó que en el campo de batalla había enemigos sin exterminar. Arremató a cada uno de los enemigos
que deje inconciente o mal heridos. Él fue el primero en notar el rechazo que tenía al quitar una vida.

Al regresar a la tribu Tonatiuh me mando llamar a la plaza principal. Toda la tribu esta allí, algo
estaba mal ya que por tradición después de cada guerra se nos trataban las heridas y se nos mandaba dormir
a una casa comunal mientras que las personas que no asistieron en armas preparaban un festín para
el día siguiente.

“Acercate Canek” – dijo Tonatiuh mientras ondeaba su mano. “Los dioses nos han bendecido con este joven
guerrero; el mejor en armas, en combate. Pensamos que es la rencarnación de uno de nuestros dioses” – decía
mientras caminaba entre la gente. “Pero es demasiado real para ser verdad, este impuro nos ha fallado,
nos ha engañado. En esta misma noche en la guerra de la que acabamos de volver, este maldito dejo
con vida a todo enemigo que se enfrentaba. Nos ha fallado como guerrero, no mereces estar entre nosotros”

“Despreciable”, “Maldito”, “Desgracia sobre ti y tu familia”, “Cobarde” escuchaba de la multitud.
De la noche en la mañana pasaron de quererme a odiarme.

Tonatiuh se acercaba con toda el coraje hacia mi, sus ojos eran grandes como el de los felinos cuando
se preparan para atacar.

“Si no puedes ayudar a nuestra causa, largate de aquí escoría. Maldito cobarde.
Eres una desgracia para tu familia y la tribu.” – dijo Tonatiuh mientras lanzaba un puñetazo.

El puñetazo fue demasiado rápido que no pude reaccionar a tiempo y me golpeo directo en la cara.
Fue tan fuerte el impaco que me tiro al suelo. Tonatiuh no es una persona que se compadezca de las demás
al contrario si tiene la oportunidad de atacar lo hará si dudar y así fue, una vez en el suelo empezó
a patearle y golpearme a diestra y siniestra.

Sentí un gran dolor en todo el cuerpo, mis piernas no me respondía, me faltaba el aliento, sentia una
pulsación en las cienes y mi mirada se difuminaba.

“Levantate” – me decia Tonatiuh mientras se apartaba de mí.

Me costo levantarme, me temblaban mis piernas, el cuerpo lo sentía pesado. Levante la mirada y solo
pude mi madre jaloneando a mi hermana para retirarse de aquel revuelto.

“Traigan la marca para este miserable. A donde quiera que vayas te miraran con asco maldito traidor.”
- decía Tonatiuh con rabia parecia que le salía espuma de su boca.
Sin darme cuenta me tenía agarrado de los brazos y mi cuerpo colgaba, no podía mantenerme de pie.
Y de repente sentí como parte de mi rostro se quemaba, podía oler mi propia carne cocinada.
Me soltaron y empezaron a patear mi cuerpo, para ellos no era nada más que un simple saco para golpear.

“Desaparece de mi vista escoria” – dijo Tonatiuh mientras hacia una señal para que me levantar.
Las personas que me iban a levantar les daba asco así que decidieron mejor arrastrarme hacia
la parte este del lugar allí se encontraba el acantilado. Fue muy simple lanzar mi débil cuerpo al acantilado.
Senti el aire golpear mi espalda y veía como mis brazos y cabello se elevaban. Todo era muy tranquilo,
la sensación me hizo cerrar los ojos y envolverme en ella.

Me sentía tranquilo no importaba mi muerte, todo iba a terminar una vez tocando el suelo.
“No será tan fácil muchacho, aún me eres util” – dijo una voz suave y femenina.
Abri los ojos de golpe, ya no me encontraba en el aire estaba en una celda.
“Donde estoy? Qué ha pasado? Estoy vivo porque, no tengo rasguños y mis heridas sanaron,
De quien era esa voz? – me pregunte.
“Qué demonios? Pensé que los envie a todos al matadero. Oye tu muevete, tu serás el espectaculo final.”
- gritó un hombre con coraza metalica. Me tomo de los hombre y empezo a empujarme para que saliera de la celda
recorrimos un largo pasillo hasta llegar a una enorme puerta. La puerta empezó a abrirse. Producía un
crujido aterrador.
“Es momento de brillar enclenque, jajaja” – Me decía mientras sonreia. Me encontraba en un pequeño coliseo.
El lugar estaba infestado de gente, uno gritaban por más sangre otros reían al verme.
Enfrente de mi estaba una figura grande, con armas en mano. Llevaba un peto, casco y leotardo de cuero.
Fijo sus ojos en mi y empezo a correr hacia donde estaba. Me quede invomil contemplando como la figura
se acercaba. La colera me invadio y grite con todas mis fuerzas, un silencio se apodero del lugar.
Los expectadores quedaron atonidos por el grito y la figura se detuvo. Empece a caminar lentamente y fui
acelarando el paso, trote, despues corrí hacia él. Me lance cayendo encima de él y empece a golpearlo con todas
mis fuerzas, cada golpe que daba era más fuerte. La sangre se esparcia por mi dorso y mis manos ya estab repletas
de esa sustancia colorada. Pasó bastante tiempo hasta que deje de golpearlo, me levante y me retire hacia
la puerta donde habia salido. Cuando estaba enfrente esta se abrio y la atrevese.

El hombre de la coraza no hizo ningun comentario e hizo un ademan para que lo siguiera. Me llevo a mi celda
y la cerro con llave.

“Ya sabes donde estás, y si sigues peleando así se te será muy fácil salir de aquí. Pelea por las personas
que quieras volver a ver y eso te dará la voluntad para seguir adelante” – Me dijo aquel hombre mientras se retiraba.

Yo no peleaba por volver a ver a mi familia ni a mi tribu sino para sobrevivir.
Me convertí en el moustro que mis hermanos y hermanas querían que fuera, una bestia con sed de sangre.
No existía rival de mi altura, cada oponente rogaba por su vida.
Lloraban y suplicaban antes de destrozar sus pequeños y frágiles cuerpos.
Me fascina el sonido del crujir de sus craneos y bañarme con su sangre.
Después de los combates regresaba a mi celda a descansar y se me paga con prostitutas y vino.

Una noche volví a escuchar la suave voz femenina pensé que estaba divagando debido a las ingestas de alcohol.
Abri los ojos para contemplar una figura de luz muy radiante.
“Guerrero, te has convertido en lo que necesito. Eres el indicado, tu serás quien los libere” – me dijo
la silueta brillante entre risillas.
“En lo que necesitas? Te refieres a un borracho y adicto al sexo? Bueno en ese caso soy tu hombre.”
“Vaya Akbal, siempre de chistoso cuando por dentro te destuye la tristeza.” – dijo la silieta.
Quién eres? Porque yo? Busca a otro, yo estoy bien aquí" – conteste rapidamente.
“Todo a su momento, solo te diré que tu familia esta buscandote despues de ser desterrada por Tonatiuh.
Tonatiuh, quizo despososar a tu hermana, Quetzal y ella se negó. Al igual que tu ellas llevan la “marca”.

Al escucharla volvío aquella sensación de furia, me llenó el deseo de destrozar a Tonatiuh.

“Escuchame bien, apacigua tu sed de venganza. Si en este momento vas a luchar contra Tonatiuh no harás
ningún cambio y serás asesinado una vez que se enteré que sigues con vida. Akbal necesitas ir a oeste allí
recibirás una carta en ella se te indicará tu travesía para poder derrocar a Tonatiuh.
Salir de aquí no será un problema para ti así que inicia tu viaje joven guerrero. Yo Xitlali iluminaré
tu destino hacia el triunfo” – dijo la silueta mientras desaparecia.

Tome los barrotes de la celda y con todas mi fuerzas forceje hasta romperlos. A pesar el gran estruendo
nadie fue a ver lo que ocurria pareciera como si nadie estuviese allí. Recorri el pasillo sigilosamente y
observando a mi alrededor. No había nadie en esa zona, yo era el único que estaba allí, acaso fue
obra de Xitlali? Sin pensarlo más me apresure a salir del lugar recorri la ciudad sin miedo a ser
descubierto. Al ver la puerta principal de la ciudad empece a correr hacia ella, una vez que la cruce segui
corriendo sin mirar atrás. Me detuve para recuperar el aliento y mire atrás para descubrir que la ciudad
ya no estaba. Era yo en un inmenso terreno desertico.

Desde ese día he vagado encontrando aquél lugar que se me indico, con las esperanza de que mi familia siga con vidaa.

Bio:

Akbal Canek

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